miércoles, 13 de noviembre de 2013

PRODUCCION POETICA




HOMBRE 1

(Poema)


¡OH ¡pobre de ti, que cabalgas ebrio de orgullo sobre tu especie.

Que has levantado las pirámides y los rascacielos con sudor y sangre.

Que arrastras tus harapos tras el oro y te rindes dócilmente ante los dogmas.

Que has rasgado con telescopio el universo sin conocer tu universo. Que como depredador has circundando el suelo de la tierra y de la luna.

¡Oh! pobre de ti que arrastras como reptil tu cuerpo de trapo y tus pies de arcilla.Que quieres volar, pero con alas de pingüino.  

¡Oh ¡pobre de ti, que te empeñas en alcanzar las alturas con espíritu de arenisca y de fango.Que deambulas como hormiga sonámbula, sin  luz y sin transformar el norte de tu universo.


José Luís Avilés Rivera

16  de enero de 1984


NOTICIAS LITERARIAS: PREMIO NOBEL 2013

La concesión del Premio Nobel de Literatura 2013 a la escritora canadiense Alice Munro, reconocida por sus cuentos cortos



ALICE MUNRO

Alice Ann Munro (nacida Alice Ann Laidlaw; Wingham, 10 de julio de 1931) es una cuentista canadiense. Considerada una de las escritoras actuales más destacadas en lengua inglesa, la «Chéjov canadiense». 

        Trabajos importantes: JulietaHateship LoveshipLejos de ellaRunaway - IMDb

Autor de: Runaway (book)Lives of Girls and WomenDear LifeDemasiada FelicidadWho Do You Think You Are(book)Dance of the Happy ShadesThe Love of a Good WomanThe View from Castle RockThe Moons of JupiterEl amor de una mujer generosa



RESEÑA DEL CUENTO "LA TEMPORADA DEL PAVO"


El cuento "La temporada del pavo" ("Turkey Season" en inglés) de Alice Munro es parte de su colección de cuentos "The Love of a Good Woman" (El amor de una mujer generosa), publicada en 1998.

El cuento comienza con una joven llamada Garnet, que trabaja como empleada de una casa en una ciudad pequeña en Ontario, Canadá. Garnet tiene una amistad con un hombre casado llamado Sam, quien es el dueño de una carnicería y a quien ella visita regularmente en el trabajo. La esposa de Sam, Addie, sospecha que hay algo inapropiado entre ellos y trata de alejar a Garnet, pero Sam sigue visitando a Garnet en su casa de huéspedes y le trae un pavo para la cena de Acción de Gracias.

En el transcurso del cuento, Munro explora las complejas dinámicas de poder y deseo en una pequeña comunidad rural. Garnet se siente atraída por Sam, pero también siente simpatía por Addie, quien ha perdido a su hijo y está luchando con la depresión. La tensión entre Garnet, Sam y Addie llega a un punto crítico durante la cena de Acción de Gracias, cuando Garnet le dice a Addie que ella y Sam son "sólo amigos". La situación se intensifica aún más cuando Garnet descubre que Addie ha estado coleccionando objetos personales de Garnet, lo que la lleva a replantearse su relación con Sam y su papel en la vida de la pareja.

El cuento es una meditación sobre la complejidad de las relaciones humanas y las consecuencias de las acciones impulsivas. Munro es una maestra en el arte de crear personajes complejos y convincentes, y en "La temporada del pavo" logra capturar la tensión emocional y psicológica entre los personajes con gran precisión y empatía.

PRODUCCIÓN LITERARIA: NOVELISTICA LA DAMA OTOÑAL (Novela) PÁGINAS 1 A 3


LA DAMA OTOÑAL 

(Novela)

Neiva – 2008  - 2023

BY JOSE LUIS AVILES RIVERA




CAPÍTULO I


Cuando se decidió a salir del baño, sus ojos, por las cataratas, más blancos que azules, mostraban el brillo quebradizo e inconfundible que ponen las mujeres apasionadas



Dicen que dicen, que cuando “El Corrillo” pasó por la ciudad pregonando la muerte de la señorita Manrique, Neiva hervía de calor. Que bajo el sopor que lo agobiaba, este personaje colectivo, multiforme, polifónico, anónimo y mítico que siempre ha existido en el imaginario de Neiva no se quedó ahí, fue más allá; como un preámbulo contó que aquella madrugada lluviosa del lunes 23 de septiembre de 1970, día del equinoccio de otoño en el hemisferio norte, la señorita María Manrique Santacoloma se había despertado sobresaltada por el revoloteo insoportable de una enorme mariposa negra que daba vueltas, atolondrada, en la oscuridad del cuarto. Que carcomida por el agüero y después de acomodarse el camisón que fulguraba en la penumbra, desde la cama, agobiada por la artritis, había tomado  a tientas la linterna que mantenía sobre la mesita de noche y empujada por la superstición y en medio de su ceguera se había ensañado tanto contra el insecto, a tal punto que no le importaron los tropezones que se dio contra los enseres del cuarto, y por el contrario, lo había perseguido sin descanso por más de media hora. Que cansada, con el cuerpo lacerado y sudando frío, se había sentado resignada en la cama renunciado a seguir persiguiendo al insecto, pero que cuando éste hizo una parada en la baranda de la cama, sin pensarlo, por simple intuición, la señorita Manrique lo había destrozado de un chancletazo ensuciando con ello el piso del cuarto con una mancha negra. Que agitada por el esfuerzo se había estirado de nuevo en la cama y había permanecido varios minutos inmóvil como muerta.

 Lo que no alcanzó a contar “El Corrillo” fue que media hora después, en camisola y con la cabeza cubierta con una pañoleta oscura trató de alcanzar la ducha, pero llegó sólo hasta el corredor; la detuvo la brisa helada del patio que le abrumaba las piernas y el horror que le produjo ver los pisos de la sala y el corredor cubiertos y sucios por una colcha negra de avispas y escarabajos muertos. No recuerda como los barrió y los amontonó junto a un helecho moribundo que aparecía arrumado en un rincón del corredor. Intimidada regresó a su alcoba con paso cansino arrastrando más que sus chancletas mojadas el peso de su larga vida. Llegó imbuida en un monólogo ininteligible. Remilgó con ademanes grotescos por sus fallidos intentos de encender las veladoras de su altar centenario. Malgeniada anduvo como sonámbula en la sala. Cuchicheo por varios minutos con el árbol genealógico de la familia Manrique que había resistido el terremoto del 67 y que permanecía aun sobre una de las paredes de la sala de estar. Luego, empujada por la cistitis y soportando la humedad y la briza fría que le fastidiaba las piernas atravesó el patio. Ya estaba cerca del baño cuando cayó en la cuenta que había pasado por debajo de una escalera, que, quién sabe quién y desde cuándo la habían dejado reclinada sobre una de las paredes del silo, en donde otrora se almacenara la cosecha de cacao y de tabaco. Se echó pestes. Movida por sus agüeros desanduvo el camino pisando charcos. Se santiguó varias veces y lo reinició esquivando la escalera. Cuando se encontró justo enfrente de la puerta del baño, al mirar el cielo, no pudo impedir que se le erizara la piel. Éste, estaba como lo había visto 45 años atrás, manchado por un cúmulo gigante de nubes negras. Entonces la asaltó el vago presentimiento que ése sería el último día de su vida. 


Ya en la ducha y mientras el agua fría recorría su cuerpo largo y aflojado por los años, cayó en la cuenta que se le había quedado encendido el radio en la sala de estar. Le preocupaban las pilas. Bueno, el radio en referencia era un receptor en creación. Un artefacto electrónico que estimuló la competencia y la guerra de patentes entre las mentes más brillantes del siglo XIX, tales como Armstrong, Maxwell, Hertz, Popov, Tesla y Marconi, entre otros. El radio en cuestión, fue un regalo