jueves, 7 de agosto de 2014

ESCRITORES COLOMBIANOS

JUAN GABRIEL VASQUEZ VELANDIA 


 


Juan Gabriel Vásquez Velandia (Bogotá1 de enero de 1973) es un escritor colombiano. Considerado uno de los novelistas latinoamericanos más importantes de su generación, Vásquez también se ha destacado como periodista y traductor. Hasta la fecha ha publicado siete novelas, dos volúmenes de cuentos y dos libros de ensayos. Su novela más conocida es El ruido de las cosas al caer, por la que recibió, entre otras distinciones, el Premio Alfaguara de Novela y el Premio Literario Internacional IMPAC de Dublín. Otros importantes reconocimientos incluyen el Premio Roger Caillois, por el conjunto de su obra, y la condecoración de la Orden de Isabel la Católica, concedida por el Rey de España. Vásquez, quien reside en Bogotá, ha vivido en París, las Ardenas belgas y Barcelona. Sus novelas se publican actualmente en 28 lenguas.

Obras

Novelas

·         Persona, Magisterio, 1997
·         Alina suplicante, Norma, 1999
·         Los informantes, Alfaguara, 2004
·         Historia secreta de Costaguana, Alfaguara, 2007
·         El ruido de las cosas al caer, Alfaguara, 2011. Premio Alfaguara de Novela 2011
·         Las reputaciones, Alfaguara, 2013
·         La forma de las ruinas, Alfaguara, 2015 
·         Volver la vista atrás, Alfaguara, 2020. Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa 2021


Colecciones de cuento

·         Los amantes de Todos los Santos, Alfaguara, 2001
 "El regreso", "Los amantes de Todos los Santos", "El inquilino", "En el café de la République", "La soledad del mago", "Lugares para esconderse" y "La vida en la isla de Grimsey"

·         Canciones para el incendio, Alfaguara, 2018


Biografía

·         Joseph Conrad. El hombre de ninguna parte, Panamericana, 2004

Ensayo

·         El arte de la distorsión, Alfaguara, 2009

·         La venganza como prototipo legal alrededor de La Ilíada, Ediciones Universidad de Nuestra Señora del Rosario, 201129

·         Viajes con un mapa en blanco, Alfaguara, 2017

Poesía

·         Cuaderno de septiembre, Visor, 2022

Periodismo

·         Los desacuerdos de paz. Artículos y conversaciones (2012-2022), Alfaguara, 2023

Premios y distinciones

·         Finalista del Independent Foreign Fiction Prize en Reino Unido por Los informantes.

·         Premio Qwerty al mejor libro de narrativa en castellano, Barcelona, 2007, por Historia secreta de Costaguana .

·         Premio Fundación Libros & Letras al mejor libro de ficción (Bogotá) 2007 por Historia secreta de Costaguana.

·         Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, Colombia, 2007, por el ensayo "El arte de la distorsión".

·         Premio Alfaguara de Novela 2011 por El ruido de las cosas al caer.

·         Premio Roger Caillois 2012, Francia, por el conjunto de su obra

·         Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, Colombia, 2012, por "Una charla entre pájaros", una entrevista con Jonathan Franzen.

·         Premio Gregor von Rezzori 2013, Italia, por El ruido de las cosas al caer.

·         Finalista del 1.er Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa por Las reputaciones, Lima, Perú, 2014.

·         Premio Literario Internacional IMPAC de Dublín 2014, Irlanda, por El ruido de las cosas al caer.

·         XX Premio Literario San Clemente, España, por Las reputaciones.

·         Premio Real Academia Española (RAE) 2014, por Las reputaciones.30

·         Finalista del II Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, Universidad Eafit, Colombia, por La forma de las ruinas, 2015

·         Finalista del 2º Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa por La forma de las ruinas, Lima, Perú, 2016.

·         Ganador de Le Prix Carbet des Lycéens 2016, Martinica, por Las reputaciones.31

·         Chevalier de l'Ordre des Arts et des Lettres, Francia, 2016.

·         Ganador al mejor libro publicado en Portugal, otorgado por la Casa de América Latina de Portugal, 2016, por la novela Las reputaciones.32

·         Premio Literário Casino da Póvoa 2018, Portugal, por La forma de las ruinas

·         Cruz Oficial de la Orden de Isabel la Católica, España, 2018.

·         Finalista del Premio International Booker, Reino Unido, por la traducción de La forma de las ruinas, 2019

·         Ganador del VI Premio Biblioteca de Narrativa ColombianaUniversidad EAFIT, Colombia, por Canciones para el incendio, 2019

·         Ganador del 4º Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa por Volver la vista atrás, Guadalajara, México, 2021.28

·         Ganador ex aequo en el XVI Premio de Novela Europea Casino de Santiago 2023 por Volver la vista atrás

NOVEDADES LITERARIAS 2014


NOVEDADES LITERARIAS  2014
  1. El juego de Ripper" de Isabel Allende
  2. "El francotirador paciente" de Arturo Pérez-Reverte
  3. "Colorless Tsukuru Tazaki and His Years of Pilgrimage" de Haruki Murakami
  4. "Revival" de Stephen King
  5. "The Book of Life" de Deborah Harkness
  6. "We Were Liars" de E. Lockhart
  7. "The Invention of Wings" de Sue Monk Kidd
  8. "The Goldfinch" de Donna Tartt
  9. "Gone Girl" de Gillian Flynn
  10. "All the Light We Cannot See" de Anthony Doerr

PRODUCCION LITERARIA: NOVELISTICA . "LA DAMA OTOÑAL" PAGINAS 4, 5 Y 6



que le enviaron años después los norteamericanos del Wisconsin al general Ulpiano Manrique por su buena voluntad como negociador en el problema de la separación de Panamá; Por aquellos días los norteamericanos ignoraban la muerte del general Manrique. La Señorita Manrique lo recibió en su nombre, pero al fracasar en sus múltiples intentos de hacerlo funcionar lo dejo caer en el olvido. Tránsito, la muchacha del servicio, lo encontró treinta y cinco años después amontonado como un trasto más entre los corotos del general. Sin saber cómo, mientras barría y hurgaba con una escoba, aquí y allá, se encontró sin querer con las bisagras oxidadas de una rejilla que daba paso a un sótano. Después se supo que el general Manrique lo había mandado a construir en secreto bajo los cimientos de la casa, como un último recurso de defensa en un eventual ataque de los liberales. 


Cuando Raúl Ruotolo le metió la mano a aquel armatoste atestado de diodos, condensadores, resistencias, tubos al vacío y cableado sinfín, se hizo el propósito de hacerlo funcionar. Un domingo de ramos, a la hora del desayuno y después de varios días de hacerle todo tipo de injertos electrónicos, el italiano logró hacerlo sonar. Las mujeres que estaban desayunando en el comedor formaron un gran alboroto. Colmadas por el júbilo se tiraron entre sí las almojábanas que se estaban comiendo. Quebraron algunos platos y terminaron saltando y abrazándose en medio de su griterío en la sala de estar. Minutos después, cuando el italiano les confirmó que la voz senil que salía del parlante era la del mismísimo papa Pío XI, desde Roma, sus arranques de euforia se transformaron en un llanto quedo en la cocina.

 

La señorita Manrique estaba ensimismada refregándose la espalda con su estropajo de siempre cuando escuchó al locutor de la emisora La Voz de la Víctor, desde Bogotá: “Ayer en las horas de la noche, y con mucho júbilo por parte de la hinchada carioca, se celebró en el estadio Maracaná de Río de Janeiro un encuentro de exhibición entre la selección Brasil, que unos meses atrás había ganado el tricampeonato de Fútbol en Ciudad de México, con una selección de los mejores jugadores del resto del mundo; Pelé fue la sensación”. “¡Todavía siguen con esa joda!”, rezongó. Se encismó por un par de minutos oyendo el chirrido del agua escurriéndose por entre las rendijas del sifón, hasta que como un flas back no pudo dejar de recordar la cara delfa y picara que puso el Libanes Jorge Chalela en su tienda, la tarde anterior. Lo vio jovial y alardear detrás de su mostrador. A pesar que se esforzó por engatusarla con todas las maravillas que ofrecía, sólo consiguió convencerla de las bondades medicinales del jabón Reuter. Reaccionó con una extraña prontitud pegando la oreja en la puerta del baño cuando escuchó al locutor haciendo referencia a las elecciones presidenciales, “Por fin y después de casi cinco meses de puja por los resultados de los escrutinios el candidato de la Alianza Nacional Popular, el ilustrísimo general de la república, Gustavo Rojas Pinilla, aceptó su derrota”. “¡Era de esperarse!”, gritó la señorita Manrique mientras se quitaba la espuma de jabón que le cubría sus ojos azules. Luego gritó con sectarismo: “¡Tenemos presidente! ¡Tenemos presidente!… ¡ahora sí que se escondan los hijueputas Cachiporros!”  Lo dijo con voz saturada de arrogancia mientras sajaba de un puñetazo el chorro de agua fría de la ducha. Metió la cabeza en el chorro de agua, y con ello, y el ruido, ya no pudo escuchar los comentarios que hacían los locutores con respecto al recibimiento ostentoso, que el presidente de Estados Unidos, Richard M. Nixon, les daba en la Casa Blanca a los tres astronautas norteamericanos del Apolo XI, quienes, meses atrás habían ido y vuelto de la Luna; acto que según el editorial del New York Time, consistía en una cortina de humo, una estratagema política con la cual el presidente Nixon pretendía, no sólo mantener su gobernabilidad, sino distraer a la opinión pública norteamericana minimizando las fuertes manifestaciones que en algunos estados de Estados Unidos, especialmente en Kent State, se estaban dando a diario en contra de la invasión de EEUU a Camboya y Laos. También la masacre de civiles de My Lai en Vietnam. Tampoco pudo oír sobre el hostigamiento guerrillero de las FARC en los municipios de Colombia y Algeciras en el Huila, Chaparral en el Tolima, y del ELN en la región del Catatumbo en Norte de Santander. En ese momento, una ráfaga de viento sacudió con violencia los árboles del patio. Se metió agresivamente en la casa. Zarandeó los helechos marchitos que colgaban de las vigas apolilladas en el corredor. Tumbó el radio que estaba sobre el anaquel en un rincón de la

PRODUCCIÓN LITERARIA: CUENTISITICA





NN

La causa de la libertad se convierte en una burla si el precio a pagar es la destrucción de quienes deberían disfrutar la libertad. Mahatma Gandhi


I

Estábamos como siempre un puñado de estudiantes hablando paja en el parque. Mi reloj marcaba las cuatro de la tarde cuando las volquetas del Municipio entraron haciendo un ruido espantoso y pararon en seco frente al Palacio Municipal dejando un hedor penetrante a llanta quemada que nos salpico a todos.Sin pensarlo, corrimos hacia la volqueta, porque todo el mundo corría para allá. Don Abel, uno de los conductores ayudó a los agentes de policía a bajar a los muertos tendiendolos uno al lado del otro sobre el andén del atrio del templo; lucían aún sus uniformes camuflados y sucios por el invierno. Con actitud chismosa les miramos sus caras igualmente sucias por la guerra. Todos nos resultaron desconocidos, salvo para Chispum quien siempre aparecía en donde menos se la esperaba, comentó que el alto parecía ser “el chivo”, pero después de unos minutos se dio por vencida. Con el que no tuvimos problemas por identificar fue el muerto que lucía de civil. “Ése es don Justino”, dijo don Luis Amador. “Con éste van diez civiles muertos en quince días”, dijo Chispum. “¡Dios santo! ¡Dios santo! ¿Quién sabe cuándo terminará este rosario de muertes?”, gritó una anciana beata que sin darnos el rostro y camándula en mano se perdió en el interior del templo. “Esperemos que éste sea el último muerto”, volvió a agregar Chispum, y se perdió entre los curiosos. 

II

Cuando Don Justino apareció en el recodo del potrero venía arreando con la ayuda de su perro Nerón, la docena de vacas de ordeño que se dejaban conducir con displicencia. Volteó la mirada hacia el fondo y Baraya lo sorprendió con sus luminarias desteñidas por las primeras luces del alba. Mientras las vacas llegaban al corral se quedó embelesado viendo retazos del pueblo en medio de la niebla. Abajo, entre el efluvio de café que expelía el pueblo iban tomando forma la cúpula de la iglesia, la galería de mercado, el Palacio Municipal, el colegio Antonio Baraya, y, en el extremo, a la salida para Villavieja, don Justino se imaginó las luces rojas que deberían estar aún prendidas en las casas de lenocinio del sector de Raspa. Entonces recordó a “la Pinga”, la única prostituta oficial que ha dado el pueblo, y que, según él, el fin de semana anterior se la había gozado en el charco del Pindal. “¡Qué vieja!”, se le escuchó decir. 

Sin voltear a mirar bajó raudo por un desecho en medio de la niebla cantando vallenatos clásicos hasta llegar al corral. En medio de su concierto costeño ordeñó las vacas, las llevó al comedero, le echó el cuajo a la leche, puso a escurrir sus botas pantaneras; fue a la cocina y le atizó al fogón que amenazaba con extinguirse. Cansado se sentó en un taburete a tomarse su habitual café negro. Estaba siguiendo el vuelo bullicioso de una escuadra de loros que venía del sur cuando unos montículos que se movían como hormigas sobre un tramo de la carretera llamó su atención. Agudizó la vista hasta verlos convertirse en hombres y luego romper la cerca y adentrarse en el cafetal. “¡Qué vaina!”, se dijo, “me tienen jarto estos vagabundos… ¿Serán paracos?… ¿Guerrilla?… ¿O el ejército? ¡Qué jartera!... ¡Lo cierto es que unos y otros no dejan trabajar!”.